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Etiqueta: Papa Francisco

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.

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15 de Enero: Jornada Mundial del emigrante y del refugiado

El próximo día 15 de Enero celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema“Menores migrantes, vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”. Con este lema, el papa Francisco nos invita a fijar nuestra mirada en los niños migrantes porque “son menores, extranjeros e indefensos… Ellos son quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos”.​

Compartimos con ustedes el enlace del Video realizado por el Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española con motivo del 15 de Enero/2017

«Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA

JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2017 [15 de enero de 2017]

Queridos hermanos y hermanas:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete: Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa hacia los más pequeños y débiles. La caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario.

Pero los evangelistas se fijan también en la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6; cf. Mc 9,42; Lc 17,2). ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?

Por eso, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.

Hoy, la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial. No se trata sólo de personas en busca de un trabajo digno o de condiciones de vida mejor, sino también de hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad. Son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores y, en general, la privación de los derechos propios de la niñez sancionados por la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia.

La edad infantil, por su particular fragilidad, tiene unas exigencias únicas e irrenunciables. En primer lugar, el derecho a un ambiente familiar sano y seguro donde se pueda crecer bajo la guía y el ejemplo de un padre y una madre; además, el derecho-deber de recibir una educación adecuada, sobre todo en la familia y también en la escuela, donde los niños puedan crecer como personas y protagonistas de su propio futuro y del respectivo país. De hecho, en muchas partes del mundo, leer, escribir y hacer cálculos elementales sigue siendo privilegio de unos pocos. Todos los niños tienen derecho a jugar y a realizar actividades recreativas, tienen derecho en definitiva a ser niños.

Sin embargo, los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque, mientras se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz: la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos que los acompañen impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo, los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil de romper.

¿Cómo responder a esta realidad?

En primer lugar, siendo conscientes de que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19). Este fenómeno es un signo de los tiempos, un signo que habla de la acción providencial de Dios en la historia y en la comunidad humana con vistas a la comunión universal. Sin ignorar los problemas ni, tampoco, los dramas y tragedias de la emigración, así como las dificultades que lleva consigo la acogida digna de estas personas, la Iglesia anima a reconocer el plan de Dios, incluso en este fenómeno, con la certeza de que nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Cada uno es valioso, las personas son más importantes que las cosas, y el valor de cada institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de los niños emigrantes.

También es necesario centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables.

Ante todo, se trata de adoptar todas las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes protección y defensa, ya que «estos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a sí mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos que, más de una vez, los transforman en objeto de violencia física, moral y sexual» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2008).

Por otra parte, la línea divisoria entre la emigración y el tráfico puede ser en ocasiones muy sutil. Hay muchos factores que contribuyen a crear un estado de vulnerabilidad en los emigrantes, especialmente si son niños: la indigencia y la falta de medios de supervivencia ―a lo que habría que añadir las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación―; el bajo nivel de alfabetización; el desconocimiento de las leyes, la cultura y, a menudo, de la lengua de los países de acogida. Esto los hace dependientes física y psicológicamente. Pero el impulso más fuerte hacia la explotación y el abuso de los niños viene a causa de la demanda. Si no se encuentra el modo de intervenir con mayor rigor y eficacia ante los explotadores, no se podrán detener las numerosas formas de esclavitud de las que son víctimas los menores de edad.

Es necesario, por tanto, que los inmigrantes, precisamente por el bien de sus hijos, cooperen cada vez más estrechamente con las comunidades que los acogen. Con mucha gratitud miramos a los organismos e instituciones, eclesiales y civiles, que con gran esfuerzo ofrecen tiempo y recursos para proteger a los niños de las distintas formas de abuso. Es importante que se implemente una cooperación cada vez más eficaz y eficiente, basada no sólo en el intercambio de información, sino también en la intensificación de unas redes capaces que puedan asegurar intervenciones tempestivas y capilares. No hay que subestimar el hecho de que la fuerza extraordinaria de las comunidades eclesiales se revela sobre todo cuando hay unidad de oración y comunión en la fraternidad

En segundo lugar, es necesario trabajar por la integración de los niños y los jóvenes emigrantes. Ellos dependen totalmente de la comunidad de adultos y, muy a menudo, la falta de recursos económicos es un obstáculo para la adopción de políticas adecuadas de acogida, asistencia e inclusión. En consecuencia, en lugar de favorecer la integración social de los niños emigrantes, o programas de repatriación segura y asistida, se busca sólo impedir su entrada, beneficiando de este modo que se recurra a redes ilegales; o también son enviados de vuelta a su país de origen sin asegurarse de que esto corresponda realmente a su «interés superior».

La situación de los emigrantes menores de edad se agrava más todavía cuando se encuentran en situación irregular o cuando son captados por el crimen organizado. Entonces, se les destina con frecuencia a centros de detención. No es raro que sean arrestados y, puesto que no tienen dinero para pagar la fianza o el viaje de vuelta, pueden permanecer por largos períodos de tiempo recluidos, expuestos a abusos y violencias de todo tipo. En esos casos, el derecho de los Estados a gestionar los flujos migratorios y a salvaguardar el bien común nacional se tiene que conjugar con la obligación de resolver y regularizar la situación de los emigrantes menores de edad, respetando plenamente su dignidad y tratando de responder a sus necesidades, cuando están solos, pero también a las de sus padres, por el bien de todo el núcleo familiar.

Sigue siendo crucial que se adopten adecuados procedimientos nacionales y planes de cooperación acordados entre los países de origen y los de acogida, para eliminar las causas de la emigración forzada de los niños.

En tercer lugar, dirijo a todos un vehemente llamamiento para que se busquen y adopten soluciones permanentes. Puesto que este es un fenómeno complejo, la cuestión de los emigrantes menores de edad se debe afrontar desde la raíz. Las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales son parte de las causas del problema. Los niños son los primeros en sufrirlas, padeciendo a veces torturas y castigos corporales, que se unen a las de tipo moral y psíquico, dejándoles a menudo huellas imborrables.

Por tanto, es absolutamente necesario que se afronten en los países de origen las causas que provocan la emigración. Esto requiere, como primer paso, el compromiso de toda la Comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia que obligan a las personas a huir. Además, se requiere una visión de futuro, que sepa proyectar programas adecuados para las zonas afectadas por la inestabilidad y por las más graves injusticias, para que a todos se les garantice el acceso a un desarrollo auténtico que promueva el bien de los niños y niñas, esperanza de la humanidad.

Por último, deseo dirigir una palabra a vosotros, que camináis al lado de los niños y jóvenes por los caminos de la emigración: ellos necesitan vuestra valiosa ayuda, y la Iglesia también os necesita y os apoya en el servicio generoso que prestáis. No os canséis de dar con audacia un buen testimonio del Evangelio, que os llama a reconocer y a acoger al Señor Jesús, presente en los más pequeños y vulnerables.

Encomiendo a todos los niños emigrantes, a sus familias, sus comunidades y a vosotros, que estáis cerca de ellos, a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para que vele sobre cada uno y os acompañe en el camino; y junto a mi oración os imparto la Bendición Apostólica.

Vaticano, 8 de septiembre de 2016.

 

Francisco

Monseñor Giovanni Mauricio Paz Hurtado nuevo Obispo de Latacunga

Comunicado de Prensa

Quito, 30 de noviembre de 2016

La Conferencia Episcopal Ecuatoriana tiene el honor de comunicar que el Santo Padre Francisco ha nombrado Obispo de Latacunga, al Rev.do Monseñor Giovanni Mauricio Paz Hurtado, actual Párroco de «La Dolorosa» y Vicario General de Ibarra.

El Rev.do Monseñor Giovanni Mauricio Paz Hurtado nació en Cotacachi, Provincia de Imbabura, el 30 de noviembre de 1962.

Realizó sus estudios primarios en la escuela «Seis de Julio» en Cotacachi, y los secundarios en el Colegio «Sánchez y Cifuentes» en Ibarra.

Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Diocesano «Nuestra Señora de La Esperanza», en Ibarra.

Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1988, por S.E. Mons. Luis Oswaldo Pérez Calderón, para la Diócesis de Ibarra.

A lo largo de su ministerio sacerdotal, el Rev.do Monseñor Giovanni Mauricio Paz Hurtado, ha desempeñado los siguientes cargos:

  • 1988-1989: Párroco de Selva Alegre y García Moreno (Diócesis de Ibarra)
  • 1989-1992: Párroco de Apuela, Peñaherrera, Cuellaje y Plaza Gutiérrez (Diócesis de Ibarra)
  • 1992-1996: Párroco de Peñaherrera y Cuellaje (Diócesis de Ibarra)
  • 1997-2000: Párroco de Aguada de Pasajeros (Diócesis de Cienfuegos, Cuba)
  • 2000-2006: Párroco de San Francisco de Paula en Trinidad (Diócesis de Cienfuegos, Cuba)
  • 2000-2006: Coordinador de la Comisión para las Misiones de la Diócesis de Cienfuegos (Cuba)
  • 2006-2012: Párroco de San Vicente Ferrer en Otavalo (Diócesis de Ibarra)
  • 2011-2012: Pro-Vicario General (Diócesis de Ibarra)
  • 2012-2016: Párroco de la Basílica «La Dolorosa» (Diócesis de Ibarra)
  • 2012-2016: Vicario General (Diócesis de Ibarra)
  • 2012-2016: Profesor de Misionología en el Seminario Mayor Diocesano «Nuestra Señora de la Esperanza» (Ibarra)

SECRETARÍA GENERAL

CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA

Carta Apostólica Misericordia et Misera

Estimados hermanas y hermanas.

El Jubileo Extraordinario de la Misericordia ha concluido formalmente en la Solemnidad de Cristo Rey.

Papa Francisco cerró la Puerta Santa, sin embargo, «Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina. Nuestras comunidades continuarán con vitalidad y dinamismo la obra de la nueva evangelización en la medida en que la «conversión pastoral», que estamos llamados a vivir, se plasme cada día, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia» (Misericordia et Misera 5).

Compartimos con todos ustedes el texto de la Carta Apostólica Misericordia et Misera, con la cual el Santo Padre nos convoca a mantener abiertas las puertas de nuestro corazón, dando testimonio de una Iglesia samaritana, en salida misionera, pobre para los pobres, que opta preferentemente por los que viven en las periferias humanas y existenciales, construyendo junto con Ellos un mundo nuevo pleno de amor, justicia y paz, en equilibrio armonioso con la creación.

Difundamos este documento,  acompañemos a nuestros agentes a meditar su profunda enseñanza y sobre toda a hacerla vida.

Quiero destacar una invitación que nos hace el papa Francisco en esta carta Apostólica, la cual las Pastorales Sociales CÁRITAS del Continente y todas las realidades eclesiales comprometidas con la dimensión social de la evangelización debemos apoyar con entusiasmo y compromiso:

«A la luz del «Jubileo de las personas socialmente excluidas», mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intuí que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada mundial de los pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46). Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia»  (Misericordia et Misera 21).

Un abrazo fraterno

MSc. Elvy Monzant Arraga

Secretario Ejecutivo

Departamento de Justicia y Solidaridad

Consejo Episcopal Latinoamericano

 

Sigan llevando el mensaje del Evangelio, aliento del Papa a Caritas

(RV).- Es «fundamental» la misión de las Cáritas nacionales así como su papel específico en la Iglesia, señaló el Papa Francisco – en un discurso que entregó – al recibir a los miembros del Consejo de Representación y al personal de Cáritas Internacional, encabezados por su Presidente, el Cardenal Antonio Tagle.

Haciendo hincapié en que «no son agencias sociales, sino organismos eclesiales que comparten la misión de la Iglesia» y en que están llamados, según sus estatutos, a «asistir al Papa y a los Obispos en su ministerio de la caridad» (art.14), el Papa Francisco, evocando a San Juan Pablo II, reiteró que «las urgencias sociales de hoy» requieren que se ponga en marcha una «nueva fantasía de la caridad» (Novo milenio ineunte, 50):

«Ella se vuelve concreta no sólo en la eficacia de las ayudas brindadas, sino sobre todo en la capacidad de hacerse prójimo, acompañando a los más necesitados con la actitud fraterna del compartir. Se trata de hacer resplandecer la caridad y la justicia en el mundo, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia, implicando a los mismos pobres, para que sean los verdaderos protagonistas de su desarrollo».

El Papa agradeció, también en nombre de la Iglesia, la misión de Cáritas y destacó que, con el poder del Evangelio, podemos ayudar a cambiar y mejorar el mundo: el hambre y la pobreza «no son una fatalidad»:

Fuente.

27° Aniversario de los Mártires de la UCA

Roma, 16 de noviembre de 2016

Queridos compañeros/as y amigos/as de la UCA, del IDHUCA y de la YSUCA:

¡La paz del Señor!

En la bula Misericordiae vultus, el Papa Francisco decretó el año 2016 como un Jubileo de la Misericordia, el cual clausuraremos el próximo 20 de noviembre, justo en los mismos días en que celebramos el vigésimo séptimo aniversario del martirio de nuestros compañeros jesuitas Ignacio Martín-Baró, Ignacio Ellacuría, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes, Amando López y Joaquín López y López, junto con Elba Julia Ramos y su hija, Celina Ramos, sus colaboradoras.

Este aniversario acaece cuando nos llegan graves noticias de la situación de El Salvador: primero, la negativa del sistema judicial salvadoreño para extraditar a España a los militares que asesinaron a nuestros compañeros, acto que colma la impunidad que ha caracterizado a esa tierra de mártires; segundo, la corrupción de altos funcionarios del Estado, de variado signo político, del presente y del pasado, entre los cuales se encuentran personas que despertaron esperanza entre los pobres; tercero, la crisis fiscal que puede llevar a un impago de obligaciones del Estado; cuarto, la creciente violencia pandilleril que no cesa, a pesar de todos los esfuerzos del Estado por combatirla.

Pero este vigésimo séptimo aniversario coincide también con buenas noticias de nuestra Iglesia universal, y dentro de ellas subrayo la coincidencia del aniversario del martirio de nuestros compañeros con la clausura del Jubileo de la Misericordia, porque los mártires muestran de manera especial el rostro misericordioso de Dios y nos enseñan a ser misericordiosos, incluso con nuestros enemigos y verdugos.

A propósito de la misericordia, el Papa Francisco acaba de reiterar, en la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instituida por el Santo Padre el día primero de septiembre de cada año, que “Nada une mejor con Dios que un acto de misericordia, bien se trate de la misericordia con la que el Señor perdona nuestros pecados, o se trate de la gracia que nos da para practicar, en su nombre, las obras de misericordia”. Esta misericordia de la que habla el Papa fue practicada por nuestros compañeros mártires.

La misericordia que enseña el Papa Francisco es una expresión viva de la radicalidad cristiana, y va más allá de las tradicionales obras de misericordia que enseña la Iglesia; pero va más allá de ellas complementándolas y enriqueciéndolas, no anulándolas. Por eso el Papapide que a las obras de misericordia que todos conocemos, y que se enfocan en la caridad, añadamos una nueva obra, el cuido de la creación: “La vida humana misma en su totalidad comprende el cuido de la casa común. Por consiguiente, me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de Misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común”.

Además, a este 27° aniversario coincide también la erección de un nuevo dicasterio en la Santa Sede, el cual tendrá una misión muy cercana al sueño de nuestros mártires. Es para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Este dicasterio, como declara el artículo primero de sus estatutos, “es expresión de la preocupación del Sumo Pontífice por la humanidad sufriente, especialmente por los necesitados, los enfermos y los excluidos”. Dará seguimiento a todo lo relacionado con “los que son forzados a abandonar su patria o carecen de ella, los marginados, las víctimas de los conflictos armados y de los desastres naturales, los prisioneros, los desempleados, las víctimas de las formas contemporáneas de esclavitud y de la tortura; asimismo, de cualquier persona cuya dignidad es amenazada”.

Al 3° Encuentro Mundial de Movimientos Populares a Roma, el Papa explicó que “el desarrollo del ser humano en su integralidad, el desarrollo que no se reduce al consumo, que no se reduce al bienestar de pocos, … incluye a todos los pueblos y personas en la plenitud de su dignidad, disfrutando fraternalmente de la maravilla de la Creación. Ese es el desarrollo que necesitamos: humano, integral, respetuoso de la Creación, de esta casa común” (5.11.2016).

En este nuevo discaterio, que entrará en funcionamiento a partir del primero de enero de 2017, serán subsumidas las tareas de los Pontificio Consejos Justicia y Paz, Cor Unum, Pastoral para Migrantes e Itinerantes y Pastoral para los Trabajadores de la Salud.

Los mártires de la UCA soñaron con una Iglesia viva y comprometida con los excluidos y con todas las víctimas que crea este mundo injusto, y el nuevo dicasterio y la sabia guía de la Iglesia en la persona del Papa Francisco expresan mucho del sueño por lo que nuestros hermanos ofrecieron su vida al Señor.

Que los mártires, el beato Mons. Romero y la guía del papa Francisco nos inspiren en nuestro peregrinar. Suyo en el Señor, en unión de oración y de solidaridad, como siempre,

Michael Czerny S.J.

Pontificio Consejo Justicia y Paz (1967-2016)

Imagen: Uca.edu.ni

www.iustitiaetpax.va

 

Esperando con ansia el evento ecuménico con el Papa en Suecia

El Papa Francisco se unirá a personas de todo el mundo para celebrar los avances ecuménicos de las iglesias católica y luterana. El evento tendrá lugar el 31 de octubre en el sur de Suecia. La celebración se dividirá en dos partes: una en la catedral de Lund y una para 10.000 personas en el palacio de deportes en Malmö.

Los luteranos llaman al 31 de octubre el “Día de la Reforma”. Fue el día que Martín Lutero colgó sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo de Wittenberg.

La ceremonia en la Catedral de Lund será un rezo con el Papa y el Presidente de la Iglesia luterana. Es la primera que vez que tiene lugar algo como esto. Luego, más tarde el mismo día, habrá actuaciones, canciones y oraciones en Malmö. Todo ello se realizará bajo el tema general de “Juntos en Esperanza”.

El programa incluirá testimonios de personas de todo el mundo. Uno de los oradores es Marguerite Barankitse, la “Madre de Burundi”. Ella es la fundadora de “Maison Shalom”. La misma ayuda a los huérfanos de la guerra civil a llevar una vida normal. Pueden recibir educación y tener la posibilidad de un buen futuro. Ella ha vivido la brutal guerra, pero sigue teniendo esperanza de que habrá paz.

Otro de los oradores es Héctor Fabio Henao, Director de Caritas Colombia. Este año se ha sellado la paz en dicho país. La guerra civil había estado causando estragos por 5 décadas.

La paz es posible

El Presidente de Caritas Siria, Obispo Antoine Audo de Alepo, también intervendrá. Luego, 10.000 católicos y luteranos se unirán en oración por la paz en Siria.

El evento también ayudará económicamente. La totalidad de las ventas de los boletos (10€ por persona) se destinará a proyectos de la Federación Luterana Mundial para ayudar a sirios y jordanos, y a Caritas para apoyar a niños en Alepo.

Otro punto destacado del día será la firma de una Declaración de Intenciones entre Caritas Internationalis y el Departamento de Servicio de la Federación Luterana Mundial. El objetivo de la misma es fortalecer la cooperación entre ambas organizaciones.

Uno de los pasos para la cooperación interreligiosa se dio en 2013 con la publicación de “Del Conflicto a la Comunión”. Publicado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el mismo describe los eventos de la Reforma. Asimismo, celebra los 50 años del diálogo católico-luterano.

El obispo Ansers Arborelius de la Diócesis Católica de Estocolmo dijo: “Se escribirá otro capítulo en la historia cuando el Papa y los líderes de la Fundación Luterana Mundial visiten Lund y Malmö para alentarnos a avanzar en la ruta hacia la unidad cristiana”.

El evento es parte del plan del Papa Francisco para abrir las puertas ecuménicas. “En años recientes, a pesar de varios malentendidos y dificultades, se han dado grandes pasos en el diálogo interreligioso, incluso con los seguidores del islam. Para esto, es fundamental escuchar”, dijo.

“No es sólo una condición necesaria en un proceso de comprensión mutua y coexistencia pacífica, sino también es un deber pedagógico para ‘reconocer los valores de otros, apreciar las inquietudes tras sus demandas y aclarar creencias compartidas”.

El Papa Francisco nos exhorta a eliminar nuestros prejuicios y nuestra falta de respetos para acabar con la violencia y el conflicto.

Fuente: http://www.caritas.org/es/2016/09/esperando-con-ansia-el-evento-ecumenico-con-el-papa-en-suecia/

El Papa a los Jóvenes

Costanera de Asunción, Paraguay

12 de Julio de 2015

Conocer a Dios, acercarse a Jesús es esperanza y fortaleza; y eso es lo que necesitamos de los jóvenes de hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza. No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están “ahí no más”, ni sí ni no, No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos.

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Hospitalidad y Acogida

El sumo pontífice, señaló el día domingo en el rezo del ángelus, que el Evangelio de Marta y María nos invita a ser hospitalarios con el prójimo y acoger a quien tiene necesidad.

“La hospitalidad aparece verdaderamente como una virtud humana y cristiana, una virtud que en el mundo de hoy está en riesgo de ser descuidada”, subrayó el Papa durante el rezo del ángelus.

En su rezo el Papa enfatizó como en varios hogares de ancianos a nivel mundial, no se busca acoger ni escuchar sino, se busca cubrir otros intereses distintos a la fraternidad y el acompañamiento.

Hermanos y hermanas este Evangelio nos invita a ser hospitalarios y misericordiosos como el Padre, ¿Cuántas veces dentro de nuestros hogares, acogemos y escuchamos a nuestros propios familiares, sea nuestro abuelo, abuela, padre, madre, hermano. ?

El evangelio de Marta y María nos invita a reflexionar a cerca de nuestra propia caridad, a cerca de nuestras acciones con quienes están más cerca de nosotros y muchas veces nos necesitan más que nadie. No nos olvidemos que la caridad comienza en casa, que la escucha es un elemento fundamental para poder convivir en un ambiente de paz y armonía.

Cuando yo escucho a mi hermano o hermana soy capaz de poder obrar con misericordia, acompañarle en su dolor y así poder contribuir a la construcción de un mundo más justo y hospitalario. No obremos como Marta que se afanó en preparar las cosas olvidándose de la presencia del invitado, seamos como María que se sentó a los pies de Jesús y escuchó su palabra.

En este año de la misericordia, construyamos cada uno y cada una de nosotras obras reales y testimoniales de misericordia, porque solo así podremos crear un mundo justo, fraterno y misericordioso.

La caridad comienza en casa, la misericordia también.

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Foto: Alexey Gotovsky / ACI Prensa