Ir al contenido principal

Cáritas Ecuador expresó su homenaje al papa Francisco en la Nunciatura Apostólica

Este 23 de abril, Cáritas Ecuador estuvo presente en la Nunciatura Apostólica de Quito, donde se habilitó el libro de condolencias ante el fallecimiento del papa Francisco. En un ambiente de recogimiento, rodeado de flores, fotografías y símbolos que evocan su legado, diversas personalidades, congregaciones religiosas y fieles acudieron a dejar su mensaje de gratitud y amor hacia el pontífice.

En representación de la institución, el Padre Euclides Carrillo, secretario ejecutivo de Cáritas Ecuador, escribió unas sentidas palabras en honor al Santo Padre. En su mensaje, agradeció al papa Francisco por enseñarnos que Cáritas es la caricia de Dios, un “nosotros” cada día más grande, y por guiarnos en el compromiso de cuidar la casa común, uno de los principios que el papa predicó con firmeza y convicción.

Cáritas Ecuador se une al dolor de la Iglesia universal, pero también celebra la vida y obra de un pastor que inspiró a millones. Como se expresó en el mensaje, el papa Francisco no ha muerto, solo ha pasado a la Pascua eterna, y su legado vivirá en tantos que lo amamos.

Mensaje para Cuaresma 2025

Caminemos juntos en la esperanza

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminarEl lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos.

Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.

FRANCISCO

Foto: Vatican Media

Carta del Papa Francisco a los párrocos

El pasado 28 de abril, el Papa Francisco convocó a 200 párrocos de todo el mundo, al encuentro internacional “Los Párrocos por el Sínodo”, invitó a “Ser constructores de una Iglesia sinodal misionera y a comprometerse con entusiasmo en este camino”.

Los párrocos conocen todo esto muy bien, conocen la vida del Pueblo de Dios desde dentro, sus fatigas y sus alegrías, sus necesidades y sus riquezas. Por eso una Iglesia sinodal necesita a sus párrocos; sin ellos nunca podremos aprender a caminar juntos, nunca podremos recorrer ese camino de la sinodalidad que «es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» [1].

Así mismo, el Papa Francisco en su carta pide a los párrocos de todo el mundo acompañar en este itinerario sinodal a sus comunidades: “comprometernos con la oración, el discernimiento y el celo apostólico para que nuestro ministerio se adecúe a las exigencias de una Iglesia sinodal misionera”.

Como párrocos los exhorto a acoger esta llamada del Señor a ser constructores de una Iglesia sinodal misionera y a comprometerse con entusiasmo en este camino. Para ese fin, deseo formular tres recomendaciones que puedan inspirar el estilo de vida y de acción de los pastores.

  1. Vivir su carisma ministerial específico cada vez más al servicio de los multiformes dones diseminados por el Espíritu en el Pueblo de Dios”.
  2. Discernimiento comunitario, valiéndose para esto del método de la conversación en el Espíritu, que nos ha ayudado tanto en el itinerario sinodal y en el desarrollo de la misma Asamblea”.
  3. «Intercambio y fraternidad, no seremos capaces de suscitar comunión y participación en las comunidades que nos son confiadas si no la vivimos en primer lugar entre nosotros, sólo así somos creíbles y nuestra acción no desbarata lo que otros ya han construido”.

Al final el representante de la Iglesia católica, exhortó a todos los que han participando en el encuentro internacional “Los párrocos por el Sínodo” a que, cuando regresen a casa, sean misioneros de la sinodalidad también con sus hermanos párrocos, animando la reflexión sobre la renovación del ministerio del párroco en clave sinodal y misionera, y al mismo tiempo permitiendo a la Secretaría General del Sínodo que reúna sus insistituibles aportes para la redacción del Instrumentum Laboris. Escuchar a los párrocos  . Escuchar a los párrocos era el objetivo de este Encuentro internacional, pero eso no puede terminar hoy; necesitamos seguir escuchándolos.

Carta a los Párrocos, descarga aquí:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2024/documents/20240502-lettera-parroci.html#:~:text=La%20Iglesia%20no%20podr%C3%ADa%20ir,todo%20tipo%20de%20terreno%20(cf.

 

 

 

“A través del desierto Dios nos guía a la libertad”

Es el mensaje de Cuaresma del Papa Francisco, que recuerda que “es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido” porque “el amor a Dios y al prójimo es un único amor”.

La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El prelado de la Iglesia Católica, convoca para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces.

Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

Los cristianos en diversos países del mundo, conmemoran la Pasión de Cristo, la muerte y la resurrección, así como también se celebra su entrada en Jerusalén y la Última Cena. En Ecuador, la celebración de la Semana Mayor como también se la conoce, es muy activa, hay diversos actos religiosos que se desarrollan en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas durante siete días y empieza con el domingo de Ramos. El Arrastre de Caudas, es una ceremonia religiosa que se mantiene en Quito y se realiza el miércoles santo.

En las grandes ciudades, se desarrollan las procesiones donde se recrea el Via Crucis o Camino a la Cruz, que son devociones antiguas practicadas por el mundo católico. Así tenemos la procesión del Jesús del Gran Poder que se realiza el viernes santo en Quito y el Cristo del Consuelo en Guayaquil. En Riobamba el martes santo se cumple con la tradición católica de realizar la procesión del Señor del Buen Suceso.

El Domingo de Resurrección, también conocido como la fiesta de Pascua, celebra el regreso a la vida de Jesús. Las misas de Resurrección, se acostumbran en diversas Iglesias del país donde la población cristiana vive con mucha fe y devoción.

Descargue el mensaje aquí

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2024/02/01/010224a.html

 

 

 

La Bendición Unidos, el tema musical que impulsa el Papa Francisco

Junto a Cáritas España y World Visión, Vitae lanzó la canción La Bendición Unidos. El sencillo es un proyecto solidario para ayudar a las personas más vulnerables afectadas por la Covid-19. El tema musical ya supera las 100.000 escuchas en el mundo.

Continuar leyendo

Tiende la mano al pobre

Tiende la mano al pobre es el tema de la IV Jornada Mundial de los Pobres, que la Iglesia católica celebra este domingo 15 de noviembre. En su mensaje el Papa Francisco invita a mantener la mirada hacia el pobre, tender la mano hace «que dentro de nosotros existe capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida», señala el pontífice.

Continuar leyendo

“La esperanza de los pobres nunca se frustrará”

Es el lema de Jornada Mundial de los Pobres que se celebra este domingo 17 de noviembre y que emprendió el Papa Francisco hace tres años durante la clausura del Año de la Misericordia en la Basílica de San Pedro y que lo dedicó a las personas marginadas y para reflexionar sobre los más necesitados y que hacer para ayudarles.

Continuar leyendo

Mensaje del Papa Francisco para la I Jornada Mundial de los Pobres

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017
No amemos de palabra sino con obras

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Continuar leyendo

Papa Francisco a los Obispos Colombianos sobre la Amazonía

Un pensamiento quisiera dirigir a los desafíos de la Iglesia en la Amazonia, región de la cual con razón están orgullosos, porque es parte esencial de la maravillosa biodiversidad de este País.

La Amazonia es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo.

Pienso, sobre todo, en la arcana sabiduría de los pueblos indígenas amazónicos y me pregunto si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes.

Por esto los invito a no abandonar a sí misma la Iglesia en Amazonia. La consolidación de un rostro amazónico para la Iglesia que peregrina aquí es un desafío de todos ustedes, que depende del creciente y consciente apoyo misionero de todas las diócesis colombianas y de su entero clero.

He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas para referirse a la palabra «amigo» se usa la expresión «mi otro brazo». Sean por lo tanto el otro brazo de la Amazonia. Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y en su alma.

(Fragmento del discurso del Papa Francisco a los obispos colombianos, 7 de septiembre de 2017)