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El Cardenal Tagle sugiere «conocer a un migrante» y difundir el espíritu de la Pascua

Mensaje pascual del Cardenal Luis Antonio Tagle, Presidente de Caritas Internationalis

Mi familia comenzó con la emigración de un niño. Mi abuelo paterno nació en China. Su madre era muy pobre, por lo que envió a su hijo con un pariente que viajó a las Filipinas – y ahí fue donde yo nací y crecí.

La emigración es una oportunidad para que las personas prosperen como seres humanos. Es una oportunidad para crear una vida mejor para ellas mismas y generaciones futuras. Aunque fuerzas destructoras, como la guerra y la pobreza, trastornan la vida humana y la vida familiar, la emigración nos muestra la nobleza del espíritu humano. Al igual que Jesús, en su calvario hasta la cruz, la emigración obliga a las personas a ir más allá de sus fronteras físicas y mentales, con sus capacidades al límite y las conduce por desiertos de soledad y rechazo. No obstante, la gente soporta este viaje de sacrificio por una causa noble.

No debemos olvidar que la gente tiene el derecho a emigrar y a decidir el lugar en donde cree que puede prosperar. Sin embargo, también tiene derecho a no emigrar y a vivir una vida digna en su tierra. Muchos quisieran quedarse en los países y aldeas donde nacieron, como estoy seguro le hubiera gustado a mi abuelo, pero cuando su país es desgarrado por la guerra o simplemente no te puede ofrecer un empleo y una vida estable, hay que tomar decisiones difíciles.

Es una bendición ser llamado a la presidencia de Caritas Internationalis también por la posibilidad de conocer a refugiados y migrantes, especialmente a aquellos en detención. Esto ha hecho salir a la luz claramente el sufrimiento que los seres humanos se pueden infligir unos a otros. Las guerras y el odio se han vuelto sistémicos, en algunas partes del mundo, destruyendo vidas humanas y comunidades.

Aquellos que emigran nos muestran “a todo color” las consecuencias del odio y la división, la injusticia y el prejuicio. No debemos olvidar nunca la dignidad inalienable y el valor de cada una de estas personas. Estamos llamados a fomentar el bien común de nuestra familia humana mundial, no sólo el bien de nuestras propias familias y países. Los emigrantes son un recordatorio viviente de que tenemos que ser custodios de la creación y cambiar sistemas injustos, porque muchos de ellos son víctimas del cambio climático o la pobreza, provocados porque los recursos de la Tierra no se comparten equitativamente.

En los emigrantes también tenemos la oportunidad de maravillarnos ante la belleza de la persona y explorar la profundidad del amor y la atención de que son capaces personas como los voluntarios de Caritas y las comunidades. Ninguna pena, dolor, cansancio, ni fatiga puede eliminar por completo la generosidad, la compasión y la nobleza del corazón humano.

Conocer a los emigrantes en medio de todas sus dificultades y escuchar sus anhelos y sueños me ha hecho preguntarme: ¿Qué es verdaderamente importante para mí? Las cosas que antes consideraba esenciales ahora no son nada, comparadas con los valores de la dignidad humana, la vida, la familia, el futuro y las generaciones venideras. Yo espero que la emigración mundial y la situación de los refugiados provoque que todo el mundo haga un examen colectivo de conciencia y de nuestros sistemas de valores.

Fuente:

Imagen: Infovaticana

 

Constituida Red Clamor en escucha del pueblo migrante, refugiado y esclavizado de América Latina y el Caribe

Asamblea Constitutiva de la Red CLAMOR”

Santiago de Los Caballeros, República Dominicana del 27 al 31 de marzo de 2017

En atención a la voz de Dios ante el clamor del pueblo sufriente en las periferias de las zonas fronterizas, reconociendo el ministerio de Jesús encarnado como una persona que también vivió el drama de la migración y como clara muestra de respaldo al llamamiento del Papa Francisco de mirar a los migrantes, desplazados, víctimas de trata y refugiados, el Departamento de Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) reunió, entre el 27 y 30 de marzo de 2017, a gran parte de organizaciones de movilidad humana, refugio y trata de personas de la Iglesia Católica de América Latina y el Caribe para, en clave de unidad, conformar la Red Latinoamericana y Caribeña de Migración, Refugio y Trata de Personas Clamor, en Santiago de los Caballeros, una provincia ubicada a 129 Km de Santo Domingo en República Dominicana.

La Red Latinoamericana y Caribeña Clamor, en clara referencia al texto bíblico del libro del Éxodo (3, 7-8), tiene como objetivo articular el trabajo pastoral que realizan diversas organizaciones de la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe para, desde la misión evangelizadora de una iglesia en salida, acoger, proteger, promover e integrar los migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de tráfico y trata de personas.

La Red fue constituida a través de un proceso intenso de 4 días que incluyó una jornada vivencial en la frontera norte de Haití y República Dominicana (Dajabón y Ounaminthe), donde los participantes pudieron visitar las obras misioneras para migrantes que realizan los Jesuitas, Fundación Solidaridad Fronteriza y las Hermanas de San Juan Evangelista de la zona en favor de los más necesitados de la frontera, en especial, niños y niñas que viven en situación de vulnerabilidad; además de compartir con desplazados y migrantes haitianos que viven en llamados refugios o bateyes en la zona de Guayubin.

En este sentido, Monseñor Gustavo Rodríguez, Arzobispo de Yucatán y Presidente del DEJUSOL, manifestó estar “Muy feliz porque el programa de crear la Red CLAMOR era uno de los 13 programas para este cuatrienio del DEJUSOL, lo veía con mucha esperanza y ahora que ha llegado el momento de su nacimiento con este encuentro, veo la realización de este sueño, de esta ilusión. Veo el entusiasmo de los participantes que representan a diversos grupos de Iglesia entre misioneros, religiosos, clérigos y laicos que ahora unidos vamos a hacer un mejor trabajo en favor de los migrantes, de los refugiados y de las víctimas de trata. De este modo veo con mucha esperanza y futuro esta pastoral”.

Entre las organizaciones participantes destacan: Red Scalabriniana Internacional de Migración, Servicio Jesuita a Refugiados de América Latina y el Caribe (SJR), Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas (Selacc), Secretaría General del Consejo Latinoamericano de Religiosos y Religiosas (CLAR), Red de Solidaridad para Migrantes y Refugiados de Brasil, Departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de República Dominicana, Departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Mexicana, Departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, Departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Haitiana, Consejería General de Apostolado de las Hermanas Scalabrinianas, Hermanos Franciscanos, Instituto Chileno de Migraciones, Fundación Un grito por la Vida, Red hacia la Libertad de la congregación El Buen Pastor, Congregación de las Religiosas Adoratrices, Congregación de las hermanas de San Juan Evangelista y la Dirección del Proyecto muchachos y Muchachas con Don Bosco.

Además, en calidad de invitados especiales, se contó con la participación del Departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española y Misiones Católicas de Emigrantes de habla hispana en Alemania. En la cita también participaron los integrantes del Programa de Refugio de Cáritas Venezuela, en figura de Monseñor José Luis Azuaje, quien a pesar de no estar presente, ofreció excusas por estar presente en una misión diplomática con Nunciatura Apostólica de Venezuela y el Vaticano en razón de las circunstancias complejas por las que atraviesa este país, pero designó un equipo que virtualmente hizo seguimiento a la jornada y suscribió acuerdos importantes.

Cabe destacar que el precedente de la Red Latinoamericana y Caribeña Clamor inició en septiembre de 2016, en el marco del Seminario Latinoamericano sobre Migración, Refugio y Trata de Persona”, donde en el momento las organizaciones coincidieron en la necesidad de crear una red de redes que permitiera articular y aunar esfuerzos en pro de ser voz del pueblo que sufre a causa de situaciones sobrevenidas con la migración.

Con este encuentro se consolida lo que en su momento fue una propuesta e inicia un camino en la unidad católica. Por ello, Monseñor Julio César Corniel, Obispo de Puerto Plata, Presidente de Pastoral Social de República Dominicana, además de anfitrión de esta importante cita considera que la Red CLAMOR “será una herramienta de apoyo que nos ayude a trazar líneas concretas para el trabajo con los migrantes, unificar criterios, sentirnos apoyados y juntos buscar soluciones a problemas que nos afectan. Sin duda es una gran esperanza”.

Monseñor José Sánchez, Obispo Emérito de Sigüenza (España) y Miembro de la Comisión Episcopal de Migraciones, manifestó “Estar muy agradecido de haber tenido esta oportunidad de compartir de cerca con hermanos y hermanas de la Iglesia de América Latina y el Caribe, con esto damos un pasito, y por pequeño que sea, permite también la recuperación del contacto de España y la Iglesia Latinoamericana, que en algún momento y por diversas variantes se había perdido”.

A partir de las presentaciones realizadas por los asistentes en el encuentro, se pudieron identificar las distintas líneas de acción que desarrollan como actores eclesiales en favor de los migrantes, desplazados, refugiados y víctimas de trata, por ello, que para el Padre Mauricio García, Director del Servicio Jesuita a Refugiados de América Latina y el Caribe, “Este encuentro es muy importante porque hacía falta un espacio de coordinación y concertación del trabajo conjunto de instituciones eclesiales, que estamos trabajando con población desplazada, migrante, refugiada y víctima de trata, ahí había un vacío, digamos”.

Por su parte, la Hermana Rosita Milesi, Directora de la Red de Solidaridad para Migrantes y Refugiados, Referente de Migraciones para la Iglesia Católica Brasileña, “El hecho de estar todos juntos trabajando en un mismo fin a través de la articulación es muy importante, donde todos y cada uno representan a organizaciones muy diversas, buscando estar en sintonía, apoyándonos recíprocamente para que estos temas tengan mayor visibilidad en el mundo actual”.

El principal reto de CLAMOR estará en ser una Iglesia Samaritana que, movida por la misericordia de Dios Padre manifestada en Jesucristo, sale al encuentro de estos nuestros, por ello, para el Padre Francisco Hernández, Director del Secretariado de Latinoamérica y del Caribe de Cáritas, “Este es un tema fundamental, pues es uno de los flagelos más grandes padecidos en el mundo y, obviamente en nuestra región por eso nos sentimos profundamente comprometidos a dar esta forma de comunión eclesial, donde la diversidad de esfuerzos y experiencias nos permita hacer un frente más sólido y común en favor de estas personas que experimentan estas situaciones tan terribles”.

Finalmente los integrantes de Red Clamor quieren ser un “hospital de campaña” donde los hermanos migrantes, desplazados, refugiados y víctimas de trata encuentren, en palabras del Papa Francisco, acogida y bienvenida, protección y curación de sus heridas, reconocimiento de su dignidad y promoción, e integración e inserción en las comunidades y países a los que llegan. Apenas este es el inicio de muchas buenas nuevas que están porvenir.

Lucha pastoral en defensa de los migrantes

Desde que migró a Toronto, le toco enfrentar muchas experiencias y realidades crudas que viven los migrantes cuando llegan a tierras desconocidas dice el P. Hernán Astudillo, quien llego a Canadá en 1992 como refugiado político.

“Incardinarse, saborear, llorar  y vivir con un pueblo migrante  es duro  pero bien nutritivo,  porque ahí puedo entender la resurrección del cristo migrante, ahí puedo descubrir en ese proceso una nueva espiritualidad, una espiritualidad migrante, ahí puedo descubrirle aquel semita, aquel judío de hace dos mil años, sonriente, vibrante e inspirándonos a que no nos quebremos en esta lucha pastoral en nuestros signos de los tiempos”.

“La lucha pastoral en defensa de los migrantes me ha permitido conocer, las cárceles,  casas de salud, las funerarias y la realidad cruda del migrante”.

El P. Hernán  Astudillo, realiza su labor pastoral en la parroquia San Lorenzo que está ubicada en Toronto, lugar donde confluyen más de veinte países hermanos, y uno de ellos es Ecuador. “Nosotros somos una patria chiquita latinoamericana gracias a la desgracia de la migración, a la irresponsabilidad de los gobiernos de turno, pero nos alegramos porque gracias a esa desgracia nos conocemos más de veinte países en la parroquia, y dentro de esos pueblos está vibrando el sabor ecuatoriano con su diversidad desde el mote pillo hasta el tostado, las diferentes comidas, canciones, expresiones culturales, muy lindo.  Ahí yo comparto con gente de izquierda, de derecha, de centro izquierda, con ateos con todos y  tienen que ser tratados en el mismo nivel sin exclusión.  A pesar de que tenemos un opción del cristo histórico, la opción de dar prioridad a los más vulnerables los más excluidos”.

“Canadá tiene políticas más tolerantes hacia los migrantes, por ejemplo si hay una familia que no tiene estatus, los niños no deben estar en la casa, ellos deben ir a la escuela. La tolerancia se ve en la misma expresión, de que no existe una persecución  como en Estados Unidos,  existe más diálogo,  la policía generalmente está en constante diálogo con la comunidad y existe un programa comunitario dentro de la misma policía. Pero esto no quiere decir que la policía es lo perfecto, también hay violación de derechos humanos ahí hay actos y no loables que ha cometido por abuso a la autoridad tanto la policía como otras autoridades. Como dice Canadá es el país de la tolerancia, hay mucha tolerancia”.

Durante el diálogo el sacerdote nos relata sobre la caravana de la Esperanza, programa de autogestión que sirve para ayudar a las personas más vulnerables de Centroamérica, cada año realiza esta actividad como es la venta de comida la misma que genera recursos económicos y fondos para la compra de ambulancias y buses escolares las mismas que son abastecidas de útiles escolares y medicinas que son entregados en las comunidades más necesitadas de El Salvador.

“Me cruzo cinco días Estados Unidos manejando, cinco días México, dos días Guatemala, llego al Salvador y esas ambulancias y esos buses dejamos para las comunidades muy vulnerables.

Imágenes: flickr.com,  toronto.hisoanocity.com

15 de Enero: Jornada Mundial del emigrante y del refugiado

El próximo día 15 de Enero celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema“Menores migrantes, vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”. Con este lema, el papa Francisco nos invita a fijar nuestra mirada en los niños migrantes porque “son menores, extranjeros e indefensos… Ellos son quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos”.​

Compartimos con ustedes el enlace del Video realizado por el Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española con motivo del 15 de Enero/2017

«Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA

JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2017 [15 de enero de 2017]

Queridos hermanos y hermanas:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete: Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa hacia los más pequeños y débiles. La caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario.

Pero los evangelistas se fijan también en la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6; cf. Mc 9,42; Lc 17,2). ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?

Por eso, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.

Hoy, la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial. No se trata sólo de personas en busca de un trabajo digno o de condiciones de vida mejor, sino también de hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad. Son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores y, en general, la privación de los derechos propios de la niñez sancionados por la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia.

La edad infantil, por su particular fragilidad, tiene unas exigencias únicas e irrenunciables. En primer lugar, el derecho a un ambiente familiar sano y seguro donde se pueda crecer bajo la guía y el ejemplo de un padre y una madre; además, el derecho-deber de recibir una educación adecuada, sobre todo en la familia y también en la escuela, donde los niños puedan crecer como personas y protagonistas de su propio futuro y del respectivo país. De hecho, en muchas partes del mundo, leer, escribir y hacer cálculos elementales sigue siendo privilegio de unos pocos. Todos los niños tienen derecho a jugar y a realizar actividades recreativas, tienen derecho en definitiva a ser niños.

Sin embargo, los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque, mientras se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz: la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos que los acompañen impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo, los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil de romper.

¿Cómo responder a esta realidad?

En primer lugar, siendo conscientes de que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19). Este fenómeno es un signo de los tiempos, un signo que habla de la acción providencial de Dios en la historia y en la comunidad humana con vistas a la comunión universal. Sin ignorar los problemas ni, tampoco, los dramas y tragedias de la emigración, así como las dificultades que lleva consigo la acogida digna de estas personas, la Iglesia anima a reconocer el plan de Dios, incluso en este fenómeno, con la certeza de que nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Cada uno es valioso, las personas son más importantes que las cosas, y el valor de cada institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de los niños emigrantes.

También es necesario centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables.

Ante todo, se trata de adoptar todas las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes protección y defensa, ya que «estos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a sí mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos que, más de una vez, los transforman en objeto de violencia física, moral y sexual» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2008).

Por otra parte, la línea divisoria entre la emigración y el tráfico puede ser en ocasiones muy sutil. Hay muchos factores que contribuyen a crear un estado de vulnerabilidad en los emigrantes, especialmente si son niños: la indigencia y la falta de medios de supervivencia ―a lo que habría que añadir las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación―; el bajo nivel de alfabetización; el desconocimiento de las leyes, la cultura y, a menudo, de la lengua de los países de acogida. Esto los hace dependientes física y psicológicamente. Pero el impulso más fuerte hacia la explotación y el abuso de los niños viene a causa de la demanda. Si no se encuentra el modo de intervenir con mayor rigor y eficacia ante los explotadores, no se podrán detener las numerosas formas de esclavitud de las que son víctimas los menores de edad.

Es necesario, por tanto, que los inmigrantes, precisamente por el bien de sus hijos, cooperen cada vez más estrechamente con las comunidades que los acogen. Con mucha gratitud miramos a los organismos e instituciones, eclesiales y civiles, que con gran esfuerzo ofrecen tiempo y recursos para proteger a los niños de las distintas formas de abuso. Es importante que se implemente una cooperación cada vez más eficaz y eficiente, basada no sólo en el intercambio de información, sino también en la intensificación de unas redes capaces que puedan asegurar intervenciones tempestivas y capilares. No hay que subestimar el hecho de que la fuerza extraordinaria de las comunidades eclesiales se revela sobre todo cuando hay unidad de oración y comunión en la fraternidad

En segundo lugar, es necesario trabajar por la integración de los niños y los jóvenes emigrantes. Ellos dependen totalmente de la comunidad de adultos y, muy a menudo, la falta de recursos económicos es un obstáculo para la adopción de políticas adecuadas de acogida, asistencia e inclusión. En consecuencia, en lugar de favorecer la integración social de los niños emigrantes, o programas de repatriación segura y asistida, se busca sólo impedir su entrada, beneficiando de este modo que se recurra a redes ilegales; o también son enviados de vuelta a su país de origen sin asegurarse de que esto corresponda realmente a su «interés superior».

La situación de los emigrantes menores de edad se agrava más todavía cuando se encuentran en situación irregular o cuando son captados por el crimen organizado. Entonces, se les destina con frecuencia a centros de detención. No es raro que sean arrestados y, puesto que no tienen dinero para pagar la fianza o el viaje de vuelta, pueden permanecer por largos períodos de tiempo recluidos, expuestos a abusos y violencias de todo tipo. En esos casos, el derecho de los Estados a gestionar los flujos migratorios y a salvaguardar el bien común nacional se tiene que conjugar con la obligación de resolver y regularizar la situación de los emigrantes menores de edad, respetando plenamente su dignidad y tratando de responder a sus necesidades, cuando están solos, pero también a las de sus padres, por el bien de todo el núcleo familiar.

Sigue siendo crucial que se adopten adecuados procedimientos nacionales y planes de cooperación acordados entre los países de origen y los de acogida, para eliminar las causas de la emigración forzada de los niños.

En tercer lugar, dirijo a todos un vehemente llamamiento para que se busquen y adopten soluciones permanentes. Puesto que este es un fenómeno complejo, la cuestión de los emigrantes menores de edad se debe afrontar desde la raíz. Las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales son parte de las causas del problema. Los niños son los primeros en sufrirlas, padeciendo a veces torturas y castigos corporales, que se unen a las de tipo moral y psíquico, dejándoles a menudo huellas imborrables.

Por tanto, es absolutamente necesario que se afronten en los países de origen las causas que provocan la emigración. Esto requiere, como primer paso, el compromiso de toda la Comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia que obligan a las personas a huir. Además, se requiere una visión de futuro, que sepa proyectar programas adecuados para las zonas afectadas por la inestabilidad y por las más graves injusticias, para que a todos se les garantice el acceso a un desarrollo auténtico que promueva el bien de los niños y niñas, esperanza de la humanidad.

Por último, deseo dirigir una palabra a vosotros, que camináis al lado de los niños y jóvenes por los caminos de la emigración: ellos necesitan vuestra valiosa ayuda, y la Iglesia también os necesita y os apoya en el servicio generoso que prestáis. No os canséis de dar con audacia un buen testimonio del Evangelio, que os llama a reconocer y a acoger al Señor Jesús, presente en los más pequeños y vulnerables.

Encomiendo a todos los niños emigrantes, a sus familias, sus comunidades y a vosotros, que estáis cerca de ellos, a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para que vele sobre cada uno y os acompañe en el camino; y junto a mi oración os imparto la Bendición Apostólica.

Vaticano, 8 de septiembre de 2016.

 

Francisco

Reforma Migratoria en Chile

Más de 100 mil peruanos y peruanas han migrado a Chile en los últimos 25 años. Otros 66 mil argentinos y 34 mil bolivianos también emigraron al país por razones principalmente económicas.

Actualmente Chile cuenta con una ley migratoria desactualizada, pero vigente, lo que hace que se mantenga en el tiempo la actuación de las autoridades que no precisamente es a favor de los migrantes.

la actual Ley de Extranjería y Migraciones fue dictada en 1975 por el régimen militar, bajo un enfoque fuertemente restrictivo y con el acento en bloquear la llegada de partidarios de la izquierda.

Tanto en el oficialismo como en la oposición admiten que es necesario actualizar la normativa, pues la de mediados de los 70 no da cuenta ni de las complejidades ni de la envergadura actual del fenómeno. Según el Anuario Estadístico Nacional Migración en Chile 2005-2014, las cifras crecieron de 105 mil migrantes en 1992 a casi 411 mil en 2014.Ese aumento es mucho más nítido en algunas zonas del país.

El jefe nacional del Departamento de Extranjería y Migración (DEM) explicó que esta nueva legislación pretende reemplazar la actual que data de 1975 y que limita a los trabajadores extranjeros a la hora de querer cambiar de trabajo, entre otras cosas. Esto, porque la visa por contrato es válida sólo en relación a un empleador específico y en caso de querer cambiarlo, se debe tramitar la toda la documentación nuevamente en un plazo de 30 días.

Según Sandoval, la iniciativa plantea una nueva estructura de permisos para ingresar a Chile, distinta del esquema actual. El nuevo texto otorga herramientas para que las visas no se limiten a una temática exclusiva, como era la figura de la visa sujeta a contrato.

«El objetivo es que nuestro país gestione adecuadamente la migración y aproveche sus potenciales (…). Hoy tenemos una regulación y una cultura hostil hacia la migración y si eso no lo cambiamos seremos cada vez menos atractivos como destino migratorio para los extranjeros», afirmó.

El proyecto no menciona visas específicas, si no que define criterios generales. Las dos grandes categorías serán permisos de visitante, que establece periodos de corta duración sea de trabajo o turismo, y de residente, que va dirigido para aquellos que buscan radicarse en el país.

A continuación les presentamos el séptimo capítulo de la Serie Radial Y tú…¿De dónde eres?

 

Fuente: Emol.com / www.t13.cl

Imagen: Archivo Fotográfico Cáritas Ecuador

Caravana Cultural por la Hospitalidad en frontera Venezuela-Colombia

San Cristóbal, Venezuela. 12 de agosto de 2016.- La Caravana Cultural por la Hospitalidad en la Frontera ha llegado a 8 poblaciones entre los meses de abril y julio de 2016 (La Fría, Guasdualito, Ciudad Sucre, Colón, Maracaibo, la Guajira, Orope y Boca de Grita). Seguimos avanzando en la sensibilización de las comunidades de Frontera a través del arte, la cultura y la hospitalidad.

El pasado sábado, 30 de julio, un grupo de artistas y creadores llenos de hospitalidad y alegría, convirtieron el recorrido en un escenario para el disfrute de todos los ciudadanos de Orope. Un escenario lleno de múltiples disciplinas artísticas: pintura, circo, teatro, música, poesía, danza y fotografía; muestras artísticas que en cada visita llegan al corazón de los habitantes de municipios fronterizos, sin olvidar el rescate y la difusión de valores en torno a la hospitalidad. Además, en esta oportunidad contamos con la compañía y la colaboración de equipo de SJR Zulia y San Cristóbal.

La Caravana Cultural logra de esta manera sensibilizar los sujetos de frontera a través de una demostración de hermandad, respeto, identidad, tolerancia, solidaridad y hospitalidad. En medio de la cotidianidad y el calor propio de estas comunidades, la Caravana Cultural insiste en llegar a cada rincón intentando crear una visión distinta y humana de la línea fronteriza, demostrando que aún en contextos complicados por la situación política, económica y social se pueden abrir nuevas y buenas opciones de vida para todos.

A través del arte promueven la hospitalidad como valor de reconocimiento y apuesta por la vida compartida en la frontera.

A continuación les presentamos el sexto episodio de esta serie.

Texto: Comunicaciones Caravana Cultural por la Hospitalidad

Imagen: Archivo Fotográfico Aler