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Etiqueta: Migración

Sí a la libertad no a la esclavitud

Hoy, 8 de febrero, memoria litúrgica de santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que de niña vivió la dramática experiencia de ser víctima de la trata, las Uniones de superiores y superioras generales de los institutos religiosos han organizado la Jornada de oración y reflexión contra la trata de personas. Aliento a cuantos están comprometidos a ayudar a hombres, mujeres y niños esclavizados, explotados y abusados como instrumentos de trabajo o placer, y a menudo torturados y mutilados. Deseo que cuantos tienen responsabilidades de gobierno tomen decisiones para remover las causas de esta vergonzosa plaga, plaga indigna de una sociedad civil. Que cada uno de nosotros se sienta comprometido a ser portavoz de estos hermanos y hermanas nuestros, humillados en su dignidad. Invoquemos todos juntos… (Papa Francisco: Angelus 8 de Febrero 2015).

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El desafío de acoger

Del 15 al 17 de enero, en el Centro de Formación Social Bethania (Quito), se realizó el taller Análisis de la Realidad de la Movilidad Humana en Ecuador, organizado por el Servicio Jesuita de Refugiados, Misión Scalabriniana y Cáritas Ecuador. El objetivo, establecer desafíos y propuestas frente a la compleja situación que afronta el país con respecto a la recepción y acogida de migrantes y refugiados provenientes mayoritariamente de Colombia y Venezuela.

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Hacia el Pacto Global sobre Refugiados

Red CLAMOR lleva la voz de la Iglesia a la consulta sobre Refugio organizada por ACNUR

Bajo la premisa que una las realidades más interpeladoras de nuestro continente es la situación de millones de hermanos y hermanas que víctimas de la violencia o la persecución política, se ven obligados a huir de sus países y solicitar refugio en otra nación, donde anhelan encontrar una oportunidad para vivir dignamente, la Red CLAMOR llevó la voz de la Iglesia Católica Latinoamericana y caribeña en la consulta realizada por el Alto Comisionado para refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) en San Pedro Sula, Honduras como parte del diálogo que ha iniciado de cara al Pacto Global sobre Refugio y Migración a realizarse en el 2018.

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Destacado Obispo centroamericano exhorta a Naciones Unidas a que actúe ante la crisis migratoria

No podemos permanecer indiferentes viendo el sufrimiento de los refugiados y los migrantes forzados”, declara un destacado obispo latinoamericano, voz de la justicia social, Mons. Álvaro Ramazzini. En vísperas de su presentación, el 15 de junio, durante el 35º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el obispo se ha pronunciado firmemente sobre la crisis de refugiados y migrantes forzados que se está produciendo en Centroamérica.

“Las personas deben tener derecho a emigrar cuando sus vidas estén en juego, cuando su propio país no les conceda el derecho básico de vivir una vida digna, acorde con su valor intrínseco como persona humana”, afirma Mons. Ramazzini.

“Un ser humano vale más que el dinero o que las políticas internacionales de países a los que lo único que les interesa es proteger su propio bienestar”. “Me siento indignado cuando pienso que la pobreza de tanta gente de Guatemala es el resultado de un sistema económico injusto. Hay que reformarlo”.

La diócesis en primera línea contra la tratas

El obispo trabaja en la primera línea de la crisis del Triángulo Norte de Centroamérica, ya que su diócesis de Huehuetenango se sitúa en la frontera entre Guatemala y México. Trabaja con personas que diariamente llegan desesperadas para intentar emprender el largo y peligroso viaje hacia el norte.

“Huehuetenango es sobre todo un corredor migratorio para los que intentan llegar a Norteamérica”, explica. “La mayoría están en manos de coyotes (contrabandistas de personas). Esto facilita las enormes oportunidades para la trata y para que los traficantes de drogas recluten a los migrantes. También se dan muchos casos en que las personas se van por las amenazas de extorsión de las maras o las bandas callejeras”.

El triángulo norte de Centroamérica – Honduras, Guatemala y El Salvador – está pasando por una grave crisis de seguridad y de desplazamientos forzados a causa de los niveles de violencia extrema, todo esto sumado a una profunda pobreza. El ACNUR calcula que, el año, pasaron por el corredor migratorio centroamericano 500 000 personas que iban de camino a México, Estados Unidos y Canadá. Se trata de una de las regiones más peligrosas de la Tierra, después de las zonas en las que hay guerras declaradas.

Fuente

Lucha pastoral en defensa de los migrantes

Desde que migró a Toronto, le toco enfrentar muchas experiencias y realidades crudas que viven los migrantes cuando llegan a tierras desconocidas dice el P. Hernán Astudillo, quien llego a Canadá en 1992 como refugiado político.

“Incardinarse, saborear, llorar  y vivir con un pueblo migrante  es duro  pero bien nutritivo,  porque ahí puedo entender la resurrección del cristo migrante, ahí puedo descubrir en ese proceso una nueva espiritualidad, una espiritualidad migrante, ahí puedo descubrirle aquel semita, aquel judío de hace dos mil años, sonriente, vibrante e inspirándonos a que no nos quebremos en esta lucha pastoral en nuestros signos de los tiempos”.

“La lucha pastoral en defensa de los migrantes me ha permitido conocer, las cárceles,  casas de salud, las funerarias y la realidad cruda del migrante”.

El P. Hernán  Astudillo, realiza su labor pastoral en la parroquia San Lorenzo que está ubicada en Toronto, lugar donde confluyen más de veinte países hermanos, y uno de ellos es Ecuador. “Nosotros somos una patria chiquita latinoamericana gracias a la desgracia de la migración, a la irresponsabilidad de los gobiernos de turno, pero nos alegramos porque gracias a esa desgracia nos conocemos más de veinte países en la parroquia, y dentro de esos pueblos está vibrando el sabor ecuatoriano con su diversidad desde el mote pillo hasta el tostado, las diferentes comidas, canciones, expresiones culturales, muy lindo.  Ahí yo comparto con gente de izquierda, de derecha, de centro izquierda, con ateos con todos y  tienen que ser tratados en el mismo nivel sin exclusión.  A pesar de que tenemos un opción del cristo histórico, la opción de dar prioridad a los más vulnerables los más excluidos”.

“Canadá tiene políticas más tolerantes hacia los migrantes, por ejemplo si hay una familia que no tiene estatus, los niños no deben estar en la casa, ellos deben ir a la escuela. La tolerancia se ve en la misma expresión, de que no existe una persecución  como en Estados Unidos,  existe más diálogo,  la policía generalmente está en constante diálogo con la comunidad y existe un programa comunitario dentro de la misma policía. Pero esto no quiere decir que la policía es lo perfecto, también hay violación de derechos humanos ahí hay actos y no loables que ha cometido por abuso a la autoridad tanto la policía como otras autoridades. Como dice Canadá es el país de la tolerancia, hay mucha tolerancia”.

Durante el diálogo el sacerdote nos relata sobre la caravana de la Esperanza, programa de autogestión que sirve para ayudar a las personas más vulnerables de Centroamérica, cada año realiza esta actividad como es la venta de comida la misma que genera recursos económicos y fondos para la compra de ambulancias y buses escolares las mismas que son abastecidas de útiles escolares y medicinas que son entregados en las comunidades más necesitadas de El Salvador.

“Me cruzo cinco días Estados Unidos manejando, cinco días México, dos días Guatemala, llego al Salvador y esas ambulancias y esos buses dejamos para las comunidades muy vulnerables.

Imágenes: flickr.com,  toronto.hisoanocity.com

15 de Enero: Jornada Mundial del emigrante y del refugiado

El próximo día 15 de Enero celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema“Menores migrantes, vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”. Con este lema, el papa Francisco nos invita a fijar nuestra mirada en los niños migrantes porque “son menores, extranjeros e indefensos… Ellos son quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos”.​

Compartimos con ustedes el enlace del Video realizado por el Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española con motivo del 15 de Enero/2017

«Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA

JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2017 [15 de enero de 2017]

Queridos hermanos y hermanas:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete: Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa hacia los más pequeños y débiles. La caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario.

Pero los evangelistas se fijan también en la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6; cf. Mc 9,42; Lc 17,2). ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?

Por eso, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.

Hoy, la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial. No se trata sólo de personas en busca de un trabajo digno o de condiciones de vida mejor, sino también de hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad. Son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores y, en general, la privación de los derechos propios de la niñez sancionados por la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia.

La edad infantil, por su particular fragilidad, tiene unas exigencias únicas e irrenunciables. En primer lugar, el derecho a un ambiente familiar sano y seguro donde se pueda crecer bajo la guía y el ejemplo de un padre y una madre; además, el derecho-deber de recibir una educación adecuada, sobre todo en la familia y también en la escuela, donde los niños puedan crecer como personas y protagonistas de su propio futuro y del respectivo país. De hecho, en muchas partes del mundo, leer, escribir y hacer cálculos elementales sigue siendo privilegio de unos pocos. Todos los niños tienen derecho a jugar y a realizar actividades recreativas, tienen derecho en definitiva a ser niños.

Sin embargo, los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque, mientras se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz: la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos que los acompañen impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo, los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil de romper.

¿Cómo responder a esta realidad?

En primer lugar, siendo conscientes de que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19). Este fenómeno es un signo de los tiempos, un signo que habla de la acción providencial de Dios en la historia y en la comunidad humana con vistas a la comunión universal. Sin ignorar los problemas ni, tampoco, los dramas y tragedias de la emigración, así como las dificultades que lleva consigo la acogida digna de estas personas, la Iglesia anima a reconocer el plan de Dios, incluso en este fenómeno, con la certeza de que nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Cada uno es valioso, las personas son más importantes que las cosas, y el valor de cada institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de los niños emigrantes.

También es necesario centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables.

Ante todo, se trata de adoptar todas las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes protección y defensa, ya que «estos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a sí mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos que, más de una vez, los transforman en objeto de violencia física, moral y sexual» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2008).

Por otra parte, la línea divisoria entre la emigración y el tráfico puede ser en ocasiones muy sutil. Hay muchos factores que contribuyen a crear un estado de vulnerabilidad en los emigrantes, especialmente si son niños: la indigencia y la falta de medios de supervivencia ―a lo que habría que añadir las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación―; el bajo nivel de alfabetización; el desconocimiento de las leyes, la cultura y, a menudo, de la lengua de los países de acogida. Esto los hace dependientes física y psicológicamente. Pero el impulso más fuerte hacia la explotación y el abuso de los niños viene a causa de la demanda. Si no se encuentra el modo de intervenir con mayor rigor y eficacia ante los explotadores, no se podrán detener las numerosas formas de esclavitud de las que son víctimas los menores de edad.

Es necesario, por tanto, que los inmigrantes, precisamente por el bien de sus hijos, cooperen cada vez más estrechamente con las comunidades que los acogen. Con mucha gratitud miramos a los organismos e instituciones, eclesiales y civiles, que con gran esfuerzo ofrecen tiempo y recursos para proteger a los niños de las distintas formas de abuso. Es importante que se implemente una cooperación cada vez más eficaz y eficiente, basada no sólo en el intercambio de información, sino también en la intensificación de unas redes capaces que puedan asegurar intervenciones tempestivas y capilares. No hay que subestimar el hecho de que la fuerza extraordinaria de las comunidades eclesiales se revela sobre todo cuando hay unidad de oración y comunión en la fraternidad

En segundo lugar, es necesario trabajar por la integración de los niños y los jóvenes emigrantes. Ellos dependen totalmente de la comunidad de adultos y, muy a menudo, la falta de recursos económicos es un obstáculo para la adopción de políticas adecuadas de acogida, asistencia e inclusión. En consecuencia, en lugar de favorecer la integración social de los niños emigrantes, o programas de repatriación segura y asistida, se busca sólo impedir su entrada, beneficiando de este modo que se recurra a redes ilegales; o también son enviados de vuelta a su país de origen sin asegurarse de que esto corresponda realmente a su «interés superior».

La situación de los emigrantes menores de edad se agrava más todavía cuando se encuentran en situación irregular o cuando son captados por el crimen organizado. Entonces, se les destina con frecuencia a centros de detención. No es raro que sean arrestados y, puesto que no tienen dinero para pagar la fianza o el viaje de vuelta, pueden permanecer por largos períodos de tiempo recluidos, expuestos a abusos y violencias de todo tipo. En esos casos, el derecho de los Estados a gestionar los flujos migratorios y a salvaguardar el bien común nacional se tiene que conjugar con la obligación de resolver y regularizar la situación de los emigrantes menores de edad, respetando plenamente su dignidad y tratando de responder a sus necesidades, cuando están solos, pero también a las de sus padres, por el bien de todo el núcleo familiar.

Sigue siendo crucial que se adopten adecuados procedimientos nacionales y planes de cooperación acordados entre los países de origen y los de acogida, para eliminar las causas de la emigración forzada de los niños.

En tercer lugar, dirijo a todos un vehemente llamamiento para que se busquen y adopten soluciones permanentes. Puesto que este es un fenómeno complejo, la cuestión de los emigrantes menores de edad se debe afrontar desde la raíz. Las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales son parte de las causas del problema. Los niños son los primeros en sufrirlas, padeciendo a veces torturas y castigos corporales, que se unen a las de tipo moral y psíquico, dejándoles a menudo huellas imborrables.

Por tanto, es absolutamente necesario que se afronten en los países de origen las causas que provocan la emigración. Esto requiere, como primer paso, el compromiso de toda la Comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia que obligan a las personas a huir. Además, se requiere una visión de futuro, que sepa proyectar programas adecuados para las zonas afectadas por la inestabilidad y por las más graves injusticias, para que a todos se les garantice el acceso a un desarrollo auténtico que promueva el bien de los niños y niñas, esperanza de la humanidad.

Por último, deseo dirigir una palabra a vosotros, que camináis al lado de los niños y jóvenes por los caminos de la emigración: ellos necesitan vuestra valiosa ayuda, y la Iglesia también os necesita y os apoya en el servicio generoso que prestáis. No os canséis de dar con audacia un buen testimonio del Evangelio, que os llama a reconocer y a acoger al Señor Jesús, presente en los más pequeños y vulnerables.

Encomiendo a todos los niños emigrantes, a sus familias, sus comunidades y a vosotros, que estáis cerca de ellos, a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, para que vele sobre cada uno y os acompañe en el camino; y junto a mi oración os imparto la Bendición Apostólica.

Vaticano, 8 de septiembre de 2016.

 

Francisco

“Seminario Latinoamericano: Migraciones, Refugio y Trata de Personas”

                                       “Miren cuán bueno es que los hermanos habiten juntos” (Salmo 133)

Del 14 al 17 de septiembre en Tegucigalpa, capital de Honduras, se desarrollo el seminario latinoamericano sobre migraciones, refugio y trata de personas, que contó con la participación de 60 personas entre obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y laicas de América Latina y el Caribe, el encuentro estuvo convocado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y por el Secretariado Latinoamericano de Càritas.

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